Los Pasos Perdidos de Donald Trump

Rodolfo Torres (02/06/2019)

No se puede ser prisionero de la indecisión, porque en ella todas las puertas permanecen abiertas. Indira Gandhi

 En contraste con la imagen que Donald Trump ha querido proyectar, de que ejerce un liderazgo firme y vigoroso, lo cierto es que ha dado sobradas muestras de que los Estados Unidos (EU) tienen, hoy por hoy, una presidencia contradictoria y vacilante. Ejemplo de ello son los episodios con Japón, Irán, Europa (en particular Alemania), China y México.

Hace apenas unas semanas, durante la visita de Estado de Trump a Japón, Corea del Norte lanzó un misil de prueba. Frente a ese acto, el gobierno de Japón, principal perjudicado ante un eventual conflicto con ese país, reaccionó con prontitud y lo condenó con energía; Donald Trump, por su parte, no le otorgó mayor relevancia y ello fue tomado como un gesto de dejar en las astas del toro a un socio que se considera estratégico. Una razón que explicaría esa pasividad es que su eventual condena conllevaría a la aceptación de que la forma en que ha conducido las conversaciones de paz con Corea del Norte ha sido equívoca e ineficaz.

En cuanto a Irán, como se sabe, desde el año 2004, los EU encabezaron una ofensiva internacional que se materializó en duras sanciones financieras y políticas a ese país debido a su programa nuclear. En el año 2016 dichas sanciones fueron aligeradas gracias a un acuerdo suscrito por China, Rusia, Francia, Reino Unido, Alemania, EU y el propio Irán. Sin embargo, sin motivo evidente y a despecho de la opinión europea expresada por Francia, Alemania y el Reino Unido, el pasado 8 de mayo de 2018, Trump rompió el acuerdo nuclear y restableció un nivel más alto a las sanciones contra el régimen iraní. Ese gesto, no sólo dejó en la cuneta a sus socios estratégicos en Europa, exacerbó, además, el conflicto en el medio oriente e incrementó sustancialmente el comercio de armas en la región. Ben Rhodes, uno de los promotores del acuerdo nuclear y ex miembro del gobierno de Obama, ha señalado “Después de esto, ¿quién puede confiar en los acuerdos internacionales que Estados Unidos negocia?”

Con respecto a Europa las cosas no son diferentes. En 2018, Trump anunció la imposición de tarifas a metales provenientes de esa región. Ahora, frente a la amenaza de imponer nuevas tarifas por 11 mil millones de euros por disputas relacionadas con la industria aeronáutica, Europa tiene preparada una contraofensiva que incluye una lista de importaciones de EU, con valor de 22 mil 600 millones de dólares, a las que impondría tarifas. La ofensiva se ceba especialmente con Alemania en dos rubros: el de la energía y el de las comunicaciones. En cuanto al ámbito energético, se presiona a Alemania para que detenga la inminente ampliación de recepción de gas ruso en 2019 y, en cambio, se alimente de gas natural licuado proveniente de los EU (a un costo muy superior). A principios de ese año concluirá la construcción de un gasoducto (denominado Nord Stream 2) que se asienta en el lecho del mar báltico y que suministrará gas natural a Alemania y, por su conducto, a otros países europeos. Pero la disputa es aún mayor en el rubro de las comunicaciones, pues Alemania ha aceptado, inicialmente, la participación de Huawie, el vilipendiado gigante tecnológico chino, en la construcción de su red de comunicaciones 5G. Las discrepancias con los EU se han acrecentado debido a que los planes europeos de defensa prevén dejar abierta la puerta para que otros proveedores, no sólo los norteamericanos, puedan suministrar armamento a esa región. Ante ello, apenas en la semana que concluye, los EU han amenazado con cancelar con Europa todo intercambio de información de inteligencia en materia de seguridad hemisférica.

En lo que se refiere a China, EU no sólo ha quedado en evidencia al tomar como rehén a la empresa Huawei para que el país oriental volviera a la mesa de negociaciones; sino que, tras la amenaza de imponer tarifas a los productos chinos, las acciones de las compañías estadounidenses, en particular las empresas tecnológicas, han sufrido efectos contraproducentes y afectaciones importantes. Sólo del 10 al 24 de mayo de este año, el Standard and Poor’s tuvo una caída de casi el -2%. El gobierno de Trump se ha visto obligado a recular y a abrir un compás de espera de tres meses, encubriendo su decisión en la fingida aceptación de una tregua a la empresa china que ésta no solicitó.

Con esa actitud aislacionista, vacilante y contradictoria (en medio de la aprobación que hará el Senado mexicano al T-MEC), a la que se agrega el lanzamiento, el 18 de junio, de su campaña por su reelección, es que Trump anuncia la imposición de tarifas a productos que México exporta a ese país. Ese anuncio provocó la caída, en un solo día, el viernes, del indicador norteamericano referido en un -1.32%.

La respuesta del gobierno mexicano ha sido firme y oportuna y ha concitado el apoyo de todo el abanico político, económico y social de nuestra nación. México está unido ante ese conflicto. Trump ha abierto demasiados frentes de batalla y México es demasiado país para intentar tragarlo de un solo bocado. Al paso de los días, los EU verán aumentar la presión interna y externa, y será más evidente el daño que se auto infligirían con esas medidas; es un daño que puede tornarse irreversible. México es un eslabón crucial en sus cadenas productivas. A la luz de que nuestro aliado comercial más importante da reiteradas evidencias de que está dejando de ser confiable, es momento de que México refuerce sus alianzas históricas con América Latina y explore nuevos horizontes en un mundo multilateral.

Apuesta por una negociación sin extorsión

Rodolfo Torres (16/06/2019)

Dando y dando

El viernes pasado (14 de junio de 2019) la secretaria de Economía y el secretario de Relaciones Exteriores comparecieron ante el pleno de la Comisión Permanente del Congreso de la Unión para informar al poder legislativo respecto de los acuerdos suscritos con el gobierno de los Estados Unidos en materia de tarifas arancelarias y migración. El secretario Marcelo Ebrard entregó a los legisladores los acuerdos que se pactaron con los EU y negó que hubiese acuerdos secretos.

Se contempla que, si al término de un plazo de 45 días los EU consideran que la eficacia de las medidas para contener la migración de Centroamérica hacia su país no ha sido la esperada, se activaría el compromiso de ambas partes para iniciar negociaciones tendentes a establecer los términos definitivos de un acuerdo bilateral vinculante que aborde el reparto de la carga y la asignación de la responsabilidad de procesar las solicitudes de refugio, así como la obligación de examinar, y modificar en su caso, las leyes nacionales para facilitar la vigencia de esos acuerdos.

El secretario de Relaciones Exteriores argumentó que, de haber ocurrido el incremento de tarifas arancelarias, se hubiera puesto en riesgo el empleo de un millón de trabajadores y el impacto en la economía nacional hubiese sido equivalente a una elevación del IVA entre un 15 y un 25 por ciento.

Sabemos que nuestra economía está fuertemente vinculada a la de los EU, sobre todo a partir del acuerdo comercial de Norteamérica que entró en vigor en 1994. Es ampliamente conocido que alrededor del 80 por ciento de nuestro intercambio comercial ocurre con los EU y que millones de empleos, a ambos lados de la frontera, dependen del vigor de esas transacciones comerciales. Lo que en el caso presente ha resultado sorprendente ha sido la virulencia del ultimátum del gobierno de los EU hacia su vecino y, ahora, primer socio comercial.

Durante su comparecencia, la secretaria de Economía, Graciela Márquez, informó que las medidas arancelarias que pretendía imponer el gobierno de los EU estaban amparadas en una Ley de Emergencia Económica, conocida como IEPA, que ya ha aplicado contra Irán, Siria, Libia, Irak y Somalia, países a los que EU ha considerado como sus enemigos declarados. El secretario de Relaciones Exteriores subrayó que esta crisis es la más severa desde las intervenciones militares de EU en México de 1846 y de 1914.

No existen razones objetivas para que a nuestro país se le catalogue como enemigo de los EU. La migración, que es el principal argumento de Trump, es un fenómeno global que, en el caso de Centroamérica, se ha agudizado por los fenómenos climáticos (señaladamente por los efectos devastadores del huracán Mitch), por el acelerado deterioro de las condiciones de vida en la región, que han acentuado la violencia y recrudecido la pobreza; entre otras cosas, por la imposición de regímenes dictatoriales.

La condición actual nos obliga a reflexionar, en lo general, respecto a la entronización de las guerras económicas que ha enarbolado Washington, tanto en su vertiente comercial como en la financiera. Del primer caso, son ejemplos la aplicación de aranceles extraordinarios a Canadá, México, China, Europa, entre otros; de los bloqueos financieros, los son Irán, Cuba, Venezuela y Corea del Norte.

A la luz de la evidencia de que EU está dispuesto a cambiar las variables de la ecuación para convertirnos, sin razón alguna, en sus enemigos declarados, también estamos obligados a reflexionar sobre el asunto en lo particular, y debemos meditar sobre si ha llegado la hora de reformular nuestras estrategias y prepararnos para afrontar con éxito ese indeseado, pero factible, escenario.

En ese contexto, son importantes las medidas anunciadas por la secretaria de Economía respecto a que, tanto el vigente Tratado de Libre Comercio de América del Norte (TLCAN) como el nuevo T-MEC, contemplan mecanismos para entablar una defensa respecto de la imposición unilateral de aranceles del gobierno de los EU. Existe la posibilidad de recurrir a la Organización Mundial de Comercio y de imponer aranceles si Washington impone aranceles a las exportaciones mexicanas.

Nuestro país ha mostrado su disposición para fortalecer sus vínculos de cooperación comercial con los EU. El mismo viernes, por la tarde, el presidente del Senado de la República, Martí Batres, informó que cuatro comisiones del Senado (Relaciones Exteriores, Puntos Constitucionales, Economía y Relaciones Exteriores con América del Norte) habían avalado por unanimidad la ratificación del tratado comercial T-MEC con los EU y Canadá. El dictamen de las comisiones se someterá a discusión y, en su caso, aprobación del pleno del Senado en sesión de su segundo periodo extraordinario que se realizará el miércoles 19 de junio.

El conflicto que construyó Trump en contra de México está lejos de haberse resuelto. Se obtuvo un breve aplazamiento frente a un insólito ultimátum y no se debe descartar que Trump insista en su amenaza de incrementar los aranceles para convertir a México en “tercer país seguro”. Frente al conflicto, nuestro país le ha apostado, acertadamente, a la cooperación y a la negociación. Sin embargo, de persistir las intimidaciones, México no puede someterse a una perenne extorsión.

¿Recesión o Desaceleración?

Rodolfo Torres (14/07/2019)

Todos vamos en el mismo barco

 La renuncia de Carlos Urzúa a la Secretaría de Hacienda y Crédito Público nutrió la especulación política, dada la estridencia de su portazo de salida que exhibió a un secretario con un nivel muy alejado del que debiera tener un hombre de Estado. También atrajo la atención pública hacia la situación en que se encuentra la economía, pues algunos han anticipado nuestro inminente ingreso a una recesión económica.

La recesión es un término económico que se utiliza para referirse a un declive significativo en la actividad económica, que se hace evidente en las variables de: producción económica, de empleo, de ingreso real y de comercio. El término técnico es más estricto; basta con que el producto interno bruto de un país decrezca en dos trimestres consecutivos para determinar que se ha entrado en recesión.

Sin importar su magnitud, es un hecho que, la sola declaratoria de que una economía está en recesión, detona múltiples alarmas; tiene consecuencias en el costo del acceso al financiamento externo y acrecenta los intereses que deben pagarse por la deuda externa -si bien, la magnitud sí es tomada en cuenta para fijar los incrementos.

 Aunque la economía mexicana no está actualmente en recesión, es importante detenerse en algunos indicadores que nos permitan ponderar si ese riesgo existe y en qué magnitud podría presentarse.

La economía de México se contrajo un 0.2% en el primer trimestre de este año; no obstante, en ese mismo lapso, mostró señales positivas en desempleo (3.5%), inflación (3.9%) y superávit fiscal primario (0.6%), además de un incremento real a los salarios de un 2%.

Por otra parte, el Fondo Monetario Internacional pronostica, para 2019, un crecimiento positivo del producto interno bruto, aunque menor al del 2018, una inflación menor a la de 2018, manteniéndose los indicadores de desempleo, deuda y superávit fiscal primario.

Además, el desempeño económico de un páis tiene que ver, también, con factores externos. Como se apunta en la minuta de la Reunión de la Junta de Gobierno del Banco de México del pasado 27 de junio, en el ámbito externo, la economía mundial se desaceleró debido, entre otros factores, a un entorno adverso para el comercio mundial; riesgo que no ofrece señales de atenuación. México es un destacado integrante de la economía global por su elevada dependencia del comercio internacional.

Aunque no existe una forma plenamente confiable de predecir cuándo ocurrirá una recesión, los economistas en el mundo utilizan predictores, generalmente aceptados, entre los que se encuentran los denominados “indicadores líderes”. Entre los más confiables y más ampliamente utilizados en el mundo se encuentran los que elabora la Conference Board, llamados Leading Economic Index. En particular, este ente publica, para diversos países, entre ellos México, dos indicadores clave, denominados LEI y CEI. El primero se utiliza para anticipar tendencias, mientras que el segundo refleja el estado actual de la economía. En su último reporte para nuestro país (abril de 2019) ambos indicadores son positivos. El primero con un crecimiento, entre marzo y abril, del 0.9% y el segundo con un crecimiento, en el mismo lapso, del 0.2 %.

Como puede verse, existen indicadores que sustentan ambas posiciones. Lo que es un hecho es que la economía mexicana, dada su fuerte inserción en la economía mundial, no puede ser ajena a la desaceleración global. La interrogante es si esa desaceleración nos llevará ahora a cruzar el umbral de la recesión. A la vista de los indicadores de nuestra economía es previsible que, de cruzar ese umbral, sería levemente y por un corto lapso. Aunque, para atenuar el agravamiento de ese riesgo, es indispensable fortalecer, desde ahora, la inversión tanto pública como privada.

Pemex: ¿En la ruta correcta?

Rodolfo Torres (28/07/2019)

No está el horno para bollos

Desde hace varias semanas Pemex se encuentra en el centro del debate público por diversas y justificadas razones. La primera tiene una motivación económica, la segunda tiene causas políticas. Éstas, han confluido y han desembocado en una fuerte colisión con los poderes fácticos en ambas esferas.

El nuevo gobierno ha manifestado su intención de convertir a Pemex en palanca del desarrollo económico nacional. Para entender la magnitud de ese desafío conviene recordar el origen de la desastrosa situación en la que hoy se encuentra esa empresa del Estado. La globalización, impulsada a inicios de los años noventas del siglo pasado, favoreció que, en casi todo el mundo, el capital público que se había amasado durante décadas pasara, en un santiamén, a manos de particulares. Así ocurrió con los sectores de las telecomunicaciones, de la energía y de la infraestructura, entre otras. Ese proceso fue uno de los principales detonadores de la corrupción, pues no sólo facilitó que los gobernantes favorecieran interesadamente a ciertos grupos empresariales y se asociaran con ellos, sino que dieron carta de naturalización a la cultura que otorga centralidad al interés particular por encima del público. Así, se establecieron hábitos, normas y procedimientos operativos que convirtieron a amplios sectores del servicio público en gestores del interés particular.

Con Pemex, dada las dimensiones de esa empresa, se ensayaron todos los medios para su desmantelamiento: anulación de su capacidad de refinación (nulo mantenimiento de sus plantas); pésimas inversiones (ver el caso de Agronitrogenados); desorientación de sus capacidades de exploración (que privilegiaron la exploración en aguas profundas e impidieron la reposición de las reservas de petróleo); construcciones a sobreprecio (Odebrecht); y aún, el robo descarado de sus bienes y productos (huachicoleo). Todo ello condujo a un endeudamiento descomunal, a ineficiencias operativas, a la caída de reservas, y a una disminuida capacidad productiva. Como puede verse, el reto se afronta desde abultados números negativos.

La decisión política del nuevo gobierno de atemperar, en ese rubro, la transferencia de bienes públicos a manos privadas es, quizá, la causa principal de la confrontación. A pesar de que sus planes contemplan la participación de inversión privada mediante la contratación de servicios, sus críticos se han opuesto, pues ese enfoque, a diferencia de las llamadas rondas y farmouts, les dificulta acceder a los mercados accionarios para financiar sus inversiones. En congruencia con esa determinación política, el gobierno ha diseñado diversas medidas: refinanciamiento de la deuda de Pemex, inyección de recursos públicos, atenuación de su carga fiscal, regeneración y ampliación de su capacidad productiva, un nuevo enfoque (exploración y explotación en aguas someras) para reconstituir la producción y las reservas petroleras, entre otras. Así lo plasmó en el denominado Plan de Negocios de Pemex. Que, aunque no es perfecto, es congruente con las restricciones impuestas por el contexto actual.

A sabiendas del elevado riesgo que afronta ese desafío, algunos de sus opositores apuestan por el descarrilamiento de esa estrategia. Para ello, algunos hacen uso de un reiterado guión que consiste en inocular desaliento, duda, temor e ira.

No es sorprendente, por ello, que en el debate político menudeen expresiones sin fundamento.  Cuando, además, a esas expresiones se concede amplísima difusión y se emiten por un servidor público, conviene detenerse en ellas para su análisis (de otras críticas, como las de algunas calificadoras, me ocuparé en una entrega posterior).

El video del senador Samuel García sigue el guión referido y amedrenta con la advertencia de que 2.2 billones de pesos podrían salir del país por la mala nota que darán las calificadoras a México. El dicho es una falacia. Para determinar el destino de sus capitales, los inversionistas no se basan sólo en esas calificaciones. Toman en cuenta, también, lo que en el argot se denomina como los “fundamentales” de la economía de un país, esto es, principalmente, las variables macroeconómicas, mismas que, en términos generales, presentan saldos positivos. Por lo que la materialización de una baja calificación no sería la causa exclusiva de una eventual estampida de capitales. Por otra parte, la migración de capitales es una realidad cotidiana que viven los mercados globales.

En cuanto a la publicación del Plan de Negocios de Pemex, dice el senador que el gobierno incurrió en un grave error al ocultar información que, posteriormente, fue revelada mediante hackeo, lo que expuso información de seguridad nacional. Esto es falso también. La Ley de Petróleos Mexicanos dispone, en su artículo 14, que una versión pública de ese plan se debe difundir en internet y que ésta “no deberá contener información que pudiera comprometer o poner en riesgo sus estrategias comerciales”. El plan no contiene información alguna en materia de seguridad nacional. En cuanto al dicho del senador respecto de que el propio plan expone riesgos, no hay novedad alguna, ni responsabilidad imputable. La exposición de los riesgos es una obligación que Pemex debe cumplir. La fracción IV del mismo artículo 14 dice que el plan debe contener: “Los principales escenarios de riesgos estratégicos y comerciales de la empresa”.

El entorno económico, político y social se encuentra demasiado caldeado para que los temas de más alta relevancia nacional resistan que se lucre en favor de intereses que son ajenos a la agenda pública. El ejercicio de una oposición firme y enérgica no está reñido con una actuación cierta y responsable por parte de todos los actores. No está el horno para bollos.

¿Presenciamos el comienzo del fin de la era globalizadora?

Rodolfo Torres (11/08/2019)

 Cuando veas las barbas de tu vecino cortar …

La tormenta financiera internacional no amaina y ya se vislumbran en el horizonte horas bajas para el modelo globalizador; a causa del aumento en las medidas comerciales proteccionistas, se observa un aletargamiento de su principal motor: el intercambio comercial internacional.

La escalada de la guerra comercial entre Estados Unidos y China alcanzó un nuevo nivel de gravedad al incorporarse un nuevo ingrediente al conflicto: la guerra monetaria o de divisas.

Frente a la amenaza de Donald Trump de incrementar las tarifas arancelarias a los productos que su país importa de China, la devaluación del yuan (o renminbi, nombre oficial de la moneda de ese país), hace más competitivos los productos del gigante oriental  y atenúa los efectos de ese incremento arancelario (que empezaría el primero de septiembre). Desde el primero de agosto el yuan cayó casi un 3 por ciento en su cotización frente al dólar. Esa depreciación lanza el mensaje ominoso de que la guerra comercial se ha profundizado.

La depreciación de las monedas como medida para aumentar la competitividad de productos no es una novedad; de ello han dado muestra tanto el euro como el dólar. De hecho, se especuló con la posibilidad de contra-atacar la depreciación del yuan con la de la moneda norteamericana. Sin embrago, de acuerdo con analistas internacionales, esa ruta no parece viable en este momento dado que el elevado déficit presupuestal norteamericano (de un trillón de dólares) necesita mantener el interés de los inversionistas en la compra de bonos del tesoro estadounidense; además,  el intento orquestado de depreciar el dólar erosionaría el estatus de la divisa norteamericana como referente de las reservas monetarias a nivel mundial.

Los mercados bursátiles internacionales acusaron recibo del agravamiento del conflicto. El Standard and Poor’s 500, el indicador más importante de ese país y del mundo, tuvo una caída de poco más de un 3 por ciento en lo que va del mes de agosto. Otro de los indicadores más relevantes, el Dow Jones, sufrió una caída similar en el mismo periodo.

La guerra comercial, ahora también monetaria, fue uno de los ingredientes principales por los que la Reserva Federal norteamericana redujo, en un cuarto de punto, la tasa de referencia de los bonos del tesoro. A pesar de su advertencia inicial de que ello no implicaba una cadena de reducciones, lo cierto es que la agudización del conflicto le ha obligado a recular y ha anticipado una nueva rebaja, de esas tasas de referencia, para el mes de septiembre.

Pero, a decir de diversos analistas, es el modelo globalizador el que puede sufrir consecuencias devastadoras no deseadas por las partes en conflicto. Por ejemplo, la firma Capital Economics prevé el escalamiento de la guerra comercial y advierte que ello cambiará la manera de hacer negocios entre las naciones. Por otra parte, advierte que el rápido incremento en el movimiento inter-fronterizo de bienes, servicios, capital y de mano de obra, que ha sido la característica principal de la economía global durante las dos últimas décadas, está a punto de revertirse: “podríamos estar atestiguando el fin de la globalización”.

El presagio no parece absurdo si el conflicto continua agravándose, y si se mantiene la oposición del gobierno norteamericano, y de otros gobiernos en el mundo, al libre comercio y a los acuerdos multilaterales. Hay, además, otras señales amenazantes, como la eventual cancelación china de compras de productos agrícolas norteamericanos.

Aunque, como resultado de dicho conflicto, y en el corto plazo, la economía mexicana se ha visto beneficiada al convertirse, por primera vez, en el principal socio comercial de los Estados Unidos, lo cierto es que en el mediano plazo, las consecuencias para nuestra economía podrían ser devastadoras a la luz de nuestra abultada dependencia del comercio internacional.

Es por ello urgente que, desde ahora, nuestras autoridades monetarias (Banco de México) y hacendarias (SHCP), afinen con prontitud los escenarios posibles que permitan al gobierno direccionar, con oportunidad, el rumbo de nuestra economía para, al menos, anticipar riesgos y disminuir, en lo posible, los efectos de los inevitables quebrantos a que quedaremos expuestos.

error: Content is protected !!