Divisas Digitales. Urge pronunciamiento de Banxico

Rodolfo Torres Velázquez (31/01/2021)

Hace 4 semanas, en este mismo espacio, señalamos que en este año las divisas digitales recibirían un importante impulso a nivel mundial. El pasado miércoles 27 de enero, Agustín Carstens, Gerente General del Banco Internacional de Pagos -organización financiera propiedad de numerosos bancos centrales con sede en Suiza- en el marco de un seminario de la Institución Hoover, hizo una serie de pronunciamientos relevantes. Éstos, sin duda, conformarán el conjunto de lineamientos a los que se apegarán los bancos centrales en el mundo para la puesta en marcha de proyectos de instrumentación de divisas digitales.

Aunque la digitalización del dinero ha estado presente en el sistema financiero por décadas, dos formas específicas de dinero digital centran, por ahora, el interés mundial: las divisas digitales emitidas por los bancos centrales (Central Bank Digital Currencies: CBDC) y las criptomonedas. Aunque podrían compartir algunas similitudes (por ejemplo, ambas podrían estar basadas en la tecnología de cadenas de bloques, Blockchain: BC), las CBDC no son lo mismo que las criptomonedas.

Las criptomonedas son un subproducto del BC, sin esa tecnología las criptomonedas, como hoy las conocemos, no hubiesen sido factibles. Importa conocer las bases de su funcionamiento, pues un lineamiento importante de los dados a conocer por Carstens tiene que ver con las BC. La tecnología de cadena de bloques consiste en una cadena secuencial de bloques (equivalentes a libros contables) que almacenan transacciones; que, mediante procedimientos criptográficos, garantizan que esos registros no pueden ser falsificados y que son inmutables. Gracias a ello el BC se han convertido en un medio ideal para el intercambio de valor digital mediante internet. Es debido a ello que se pronostica que la tecnología de cadena de bloques se convertirá en una revolución tecnológica con mayor impacto al que estamos viviendo con internet. Prueba de ello es que tres gigantes tecnológicos ofrecen ya plataformas para el desarrollo de proyectos de cadenas de bloques: Amazon, Google y Microsoft.

Por la forma en la que se conforma y opera la red en la que vive la cadena de bloques, cuyos nodos verifican la validez de las transacciones, se tienen tres tipos de redes. 1) Privadas, que operan en una red sin acceso al público (como las que utilizan Coca-Cola y Walmart, y en las que los nodos de la red son administrados de manera centralizada). 2) Públicas, que operan de manera que cualquier persona puede configurar un nodo de la red que, a cambio de una remuneración, se encargue de las tareas de validación y verificación de las transacciones -este tipo de red, por cierto, resuelve de manera innovadora y brillante la llamada “Tragedia de los comunes” de las ciencias económicas-, en estas redes la información está distribuida y el control es descentralizado. Se trata de un enfoque revolucionario pues torna innecesaria la existencia de intermediarios, llámense bancos y otras entidades mediadoras (entes gubernamentales u otras instituciones). 3) Consorcio, en estas redes no existe un control central y la información está distribuida pero la participación, como nodos de la red, no es público pues sólo se autoriza a determinados actores. La mayoría de las criptomonedas utilizan la variante “pública”; de ahí que se hayan convertido en una especie de némesis de los organismos financieros pues, de predominar, tornaría innecesarios a varios de ellos.

En la primera parte de su presentación Agustín Carstens se cuestiona a sí mismo si son necesarias nuevas monedas digitales y, si es el caso, quién debiera emitirlas. Reconoce que el avance de las tecnologías de comunicación y de cómputo ha favorecido una inmensa actividad en línea que ha disminuido dramáticamente el costo de muchas tareas, lo que ha provocado disrupciones en múltiples sectores e industrias que han dado lugar a una creciente economía digital. Paradójicamente, dice, la Covid-19 ha acelerado el ritmo del cambio digital.

Admite que existen dos arquitecturas posibles: la primera basada en una autoridad central (como un banco central) y la otra basada en un sistema de gobierno descentralizado que no requiere un intermediario central (como el de las criptomonedas, entre ellas el Bitcoin). Más allá del tono peyorativo que utiliza para describir el Bitcoin y de su predicción funesta respecto de la vigencia de esta criptomoneda, se decanta, como resulta obvio, por la primera opción: la de que sean los bancos centrales quienes, en caso de existir una moneda digital, la emitan y controlen. Lo cierto es que la vigencia de las criptomonedas, al ser públicas y tener un control distribuido, no depende de la única opinión de los bancos centrales, aunque ciertamente una opinión negativa dificulta la velocidad de su adopción. Al momento de escribir estas notas el Bitcoin superaba los 35 mil dólares por unidad.

Un aspecto importante de su planteamiento es la aceptación de la viabilidad y ventajas en el uso de la tecnología de cadena de bloques en su variante “consorcio” para las monedas digitales que emitan los bancos centrales, enfoque que, por cierto, ya ha empezado a explorar el banco central de Suecia.

Dejaré pendiente la tarea de comentar otros aspectos fundamentales, como el que toca a las formas en que se llevaría a cabo la identificación de las personas; lo que Carstens llama: la “apropiada identificación y adecuada privacidad”.

Lo que no puedo omitir ahora es el señalamiento de que, en la encuesta más reciente (enero de 2021), llevada a cabo por el Banco Internacional de Pagos, 56 bancos centrales (el 86% del total) informaron estar llevando a cabo algún tipo de investigación o experimentación con CBDC. Aunque el pasado 9 de enero un funcionario de un banco privado informó que el Banco de México no tiene planeado lanzar una moneda digital, convendría que fuese el propio banco central quien informara al respecto. El asunto no es menor, está en su cancha de atribuciones y, de no hacerse cargo de su responsabilidad oportuna y adecuadamente, el impacto sobre la economía nacional podría ser negativo en una medida considerable.

2021: Arranque de las Divisas Digitales

Rodolfo Torres Velázquez (03/01/21)

Además de nuestro deseo de que este nuevo año apunte hacia una firme contención de la pandemia, gracias a las vacunas que se aplicarán masivamente en los meses venideros, el año 2021 dejará huella -entre otras cosas- por la cristalización de proyectos de divisas digitales en varias regiones y países del mundo.

El dinero digital sólo existe en forma electrónica. A diferencia de su contraparte, el efectivo, que utilizamos cotidianamente en forma de billetes y monedas. Aunque para referirse al dinero digital en ocasiones se alude a los conceptos de divisas digitales o criptomonedas, esos términos no son sinónimos. Las criptomonedas son dinero digital, pero no todo el dinero digital es criptomoneda.

Las variantes del dinero digital que hasta ahora se han implementado son operables sólo si se dispone de: un dispositivo electrónico apropiado (computadora, terminal o teléfono); una cuenta bancaria en la que se registran las transacciones monetarias realizadas y el acceso a una red de comunicaciones.

La modalidad de dinero digital es más barata puesto que no es necesario producir billetes y monedas (podría prescindirse de todo el sistema que le acompaña, por ejemplo: el traslado y los cajeros automáticos) y el registro de transacciones es inmediato. Si se cuenta con esos medios, la posibilidad de adquirir bienes y servicios es idéntica a la que se tendría si se utilizara dinero en efectivo. Las tarjetas de débito o de crédito son una modalidad particular de dinero digital, aunque en el segundo caso se exige ser sujeto de crédito.

En México, en septiembre de 2019, el Banco de México implementó el CoDi para realizar transferencias electrónicas utilizando la actual infraestructura de pagos. El CoDi no tiene costo, realiza operaciones en tiempo real y es seguro. Hasta ahora el avance del CoDi es modesto: del 21 al 24 de diciembre se reportaron únicamente 17 mil 534 operaciones. Para poner en marcha el dinero digital, varios países apuestan en favor de la alfabetización digital, de la creación de infraestructura de cómputo y comunicaciones y de la bancarización universal. Por desgracia, la disposición de esos recursos no es viable a corto plazo; por ello, los planes para su uso la consideran sólo como un medio complementario a la utilización del dinero en efectivo.

En el caso de México no sólo es la carencia de las condiciones citadas lo que aminora el ritmo de su adopción, sino una extendida economía opaca y una propiedad del dinero físico que, bajo esas condiciones, no tendrían algunas modalidades de dinero digital, que es el del anonimato. Mientras que el dinero en efectivo permite que se lleven a cabo transacciones sin intermediación, el dinero digital exige que cada transacción sea registrada por un mediador (usualmente bancario, cuando no se trata del uso de criptomonedas). En contrapartida, el distanciamiento social, debido a la pandemia, favorecerá el uso del dinero digital.

No obstante, es la vertiente de la divisa digital la que marcará un antes y un después. Hace apenas unos días, el gobierno sueco anunció que explora la factibilidad de crear su propia divisa digital. Su banco central ejecuta actualmente un proyecto piloto en esa materia. El Banco Central Europeo explora los beneficios y riesgos de crear un euro digital para complementar las operaciones en efectivo e informa que a mediados del año 2021 decidirá si lanza el proyecto de euro digital.

El Banco Central de Turquía, por su parte, anunció que pondrá en marcha su proyecto piloto en el segundo semestre de este año. De acuerdo con datos del Banco Internacional de Pagos, que es una organización financiera propiedad de numerosos bancos centrales con sede en Suiza, el 80 por ciento de los bancos centrales está involucrado en la investigación, desarrollo o experimentación de proyectos de divisas digitales. En el caso de los Estados Unidos, “The Boston Fed” trabaja con investigadores del MIT para desarrollar y probar una moneda digital para ser utilizada por bancos centrales. El Reino Unido, Canadá, Rusia, Japón y Corea del Sur tienen, también, proyectos en ese sentido.

Pero es China quien lleva la delantera en la instrumentación del dinero y de la divisa digitales. Su proyecto inició en el año 2014. Actualmente, lleva a cabo un enorme experimento público y tiene planeado llevar a cabo una prueba intensa durante los Juegos Olímpicos de Invierno de Pekín 2022. De acuerdo con reportes de la revista Forbes, en agosto pasado, el Ministro de Comercio de China anunció la expansión de su programa piloto para incluir a las grandes ciudades de ese país.

Las divisas digitales agilizarán sustancialmente las operaciones monetarias transfronterizas, que hoy toman días o semanas en concretarse. El flujo monetario, como otros flujos, tomará la vía que le ofrezca una menor resistencia. Las divisas digitales proporcionan esa vía. China conjuga tres ventajas cruciales para beneficiarse de ese nuevo entorno: será el primer país con condiciones para poner en marcha el proyecto; tiene un amplio mercado interno y cuenta con elevados volúmenes de intercambios comerciales con todas las regiones del mundo.

Las divisas digitales son un componente esencial para una nueva globalización monetaria. Esta globalización, posiblemente liderada por China, favorecerá procesos de concentración que pueden volver marginales a otras múltiples divisas y tornarlas prescindibles.

A pesar de nuestra añeja subordinación a la política monetaria de los Estados Unidos, es urgente, ante el aletargamiento de nuestro principal socio comercial, que nuestro país ponga en marcha planes de instrumentación de un peso mexicano digital. El Banco de México tiene la palabra.

Golpe a la innovación y a derechos fundamentales

Rodolfo Torres (17/12/2017)

La libre comunicación de los pensamientos y las opiniones es uno de los derechos más preciados por el hombre. François de La Rochefoucauld

 La liquidación de la neutralidad de Internet, decretada por la Comisión Federal de Comunicaciones de los Estados Unidos (FCC, por sus siglas en inglés), bajo control del partido Republicano, es un duro golpe a la innovación, a la colaboración social, y a los derechos de expresión y de acceso a la información. Su impacto se resentirá en los Estados Unidos y en el resto del mundo.

La neutralidad de Internet significaba la garantía de que todo el contenido que circulara por los hilos de esa red de comunicación sería tratado por igual, sin discriminación o privilegio. Su cancelación significa que los proveedores de conexión a Internet podrán decidir qué contenidos privilegiar, mermar o silenciar. Si algún debate existía respecto a la naturaleza pública de ese medio, la reforma lo ha zanjado. A partir de su aprobación, Internet será un medio de comunicación privado en que los proveedores de conexión determinarán a qué contenidos se puede acceder e inducir cuáles se pueden producir. Ello aniquila la igualdad entre los usuarios de Internet; ahora el acceso estará vinculado a su capacidad económica. La reforma afectará también a las empresas medianas y pequeñas que, al carecer de la capacidad económica de los grandes corporativos, tendrán limitaciones para dirigir el tráfico a sus sitios.

Internet, recordemos, propició el surgimiento de una enorme constelación de empresas, muchas comerciales, otras tantas sin fines de lucro; unas y otras alimentaron el crecimiento del medio, fundamentalmente, por su capacidad de innovación. Es el caso de Google, Amazon, Facebook, Twitter, Netflix, Apache Software Foundation, Wikipedia, entre otras.

Internet también ha inducido la migración de diversas industrias, desde sus nichos tradicionales hacia ese medio: servicios financieros, de información, de comunicación, entretenimiento y educación. Así, contamos ahora con acceso ubicuo a servicios (que proveen empresas llamadas generadoras o administradoras de contenido): bancarios, de noticias, de mensajería instantánea, de telefonía digital, de deportes, de televisión, de películas, de música, de libros digitales, de localización, de redes sociales, y de educación a distancia. A grado tal que la vida en ausencia de Internet es, hoy día, impensable.

Con la cancelación de la neutralidad de Internet se alteran radicalmente los incentivos para el desarrollo de esa plataforma. Serán los acuerdos comerciales, y no la capacidad de innovación, los que determinarán el rumbo que seguirá ese medio. No será por ello extraño que esos proveedores de conexión se asocien o, de plano, busquen apropiarse de empresas generadoras de contenido digital y a la inversa (sino es que esa asociación ya existe, como es el caso de nuestro país). Es por ello que la creatividad dejará de ser la fuerza motriz principal del crecimiento y fortalecimiento de Internet.

Además, en esa plataforma concurre también la prestación de servicios públicos que se han multiplicado a partir de diversas iniciativas, entre ellas, algunas de organismos internacionales -como la de Gobierno Abierto- cuyo funcionamiento sería inconcebible sin el acceso a Internet. La eventual afectación para el acceso a los sitios respectivos no sólo afectaría la prestación de los servicios públicos mismos, sino que quebrantaría los procesos de transparencia y rendición de cuentas a que están obligados todos los entes públicos.

Adicionalmente, numerosas iniciativas no lucrativas de colaboración social se verían seriamente afectadas. Es el caso de la Wikipedia, el mayor acervo de conocimiento sistematizado difundido en el mayor número de lenguas en el mundo; de proyectos como los de la Free Software Foundation, que ha producido la mayor cantidad de software gratuito de alta calidad.  También otras tecnologías que están insertas en las arterias mismas de la comunicación de Internet se verán perturbadas; tal es el caso de las que desarrolla la Apache Software Foundation, la organización sin fines de lucro que produce tanto el software que opera en la mayoría de los servidores de Internet del mundo, como el software de Big Data de mayor uso (Spark y Hadoop).

La supresión de la neutralidad de Internet tiene otras consecuencias nocivas. Al tratarse ahora de un medio de comunicación privado perderían sentido, para ese medio, los derechos de acceso a la información y de expresión, que son componentes esenciales para el desarrollo democrático de la sociedad ¿Cómo exigir que no se inhiba el acceso a sitios específicos, que critiquen la forma en la que se ejerce el poder público, si la empresa que ofrece servicios de acceso a Internet argumenta razones comerciales? El riesgo es mayúsculo.

Ello no quiere decir que la vida actual en Internet sea un edén. Es evidente que existen distorsiones y asimetrías que urge resolver, tales como: la apropiación de datos de millones de personas que, sin su conocimiento o consentimiento expreso, están depositados en unas cuantas e incontroladas manos, la divulgación de noticias falsas, el bullying y la delincuencia cibernética, entre otros. Ése es otro tema, sobre el que habrá que debatir; pero ésta no fue la materia considerada para la determinación que tomó la FCC –que, de hecho, lejos de resolverse, se agrava- pues su propósito fundamental es mercantil y no social.

Es oportuno, desde ahora -en virtud de su previsible privatización, también en nuestro país- planear y echar a andar iniciativas que garanticen la innovación, la preservación y el ejercicio de derechos fundamentales, así como el fomento de iniciativas de colaboración social. Estamos a tiempo.

Cambio de época. De la Inteligencia Artificial al Blockchain.

Rodolfo Torres (17/11/2019)

La agudización de conflictos en todas las regiones del mundo y la irrupción de innovaciones tecnológicas provocarán que recordemos al 2020 como uno de los años de lucha por el advenimiento de una nueva época.

Estamos tan acostumbrados a que, por décadas, nuestra cotidianeidad urbana esté mediada por la tecnología que ésta se ha convertido en parte de nuestra normalidad. No es de extrañar, por tanto, que la economía mundial esté, en buena medida, impulsada por la ciencia y la tecnología. Los países que dominan esos productos del conocimiento son, sin duda, los protagonistas del actual escenario económico y político.

Pero los productos de la ciencia y la tecnología que nos han maravillado por décadas, y aun por siglos, están por entrar en una nueva etapa que dará un giro con gran impacto, quizá determinante, en los ámbitos mundiales de la economía y la política. Ello puede explicar, en buena medida, el agravamiento de múltiples conflictos.

Cuatro tecnologías darán forma a la nueva economía: la inteligencia artificial, las cadenas de bloques (blockchain), el internet de las cosas y, por su volumen, los vehículos eléctricos.

El uso de la inteligencia artificial, en su vertiente del aprendizaje automático (machine learning), ha estado tras el crecimiento vertiginoso de empresas como Google, Facebook, Netflix y Amazon, principalmente porque facilita la segmentación de mercados (a costa de explotar, injustamente, nuestros datos personales), misma que ha potenciado la capacidad de la industria, en su conjunto, para una mejor distribución de sus productos y servicios. Prácticamente ninguna industria moderna es hoy ajena a la aplicación de algún componente de la inteligencia artificial.

La cadena de bloques, por su parte, es la tecnología con mayor capacidad disruptiva. No sólo porque es la tecnología motriz detrás de las criptomonedas, que se han convertido en la “bestia negra” del sistema financiero tradicional, sino porque puede ser utilizada en los ámbitos social y político. Ya China ha anunciado que utilizará esa tecnología a partir del 2020, en dos plataformas comerciales: Alibaba (la versión china de Amazon) y WeChat (la versión china de Facebook). Pero no descarta su uso para salvaguardar su sistema financiero y monetario. En ese mismo ámbito, Facebook ha anunciado su intención de crear una criptomoneda (que llamará “Libra”), misma que hasta ahora enfrenta la férrea oposición de los reguladores financieros de los EEUU. Coca Cola ha anunciado que, en breve, utilizará blockchain para controlar su cadena de suministros. Walmart-Canada también comunicó que utilizará esas herramientas para dar seguimiento a sus envíos. Por último, Telegram anunció recientemente su intención de generar una criptomoneda. Sólo por mencionar algunas de las marcas más conocidas.

 El Internet de las cosas ha estado en el centro de la disputa comercial entre los Estados Unidos y China (hoy existen más dispositivos conectados al Internet de las cosas que habitantes en el planeta). Como se sabe, los EEUU sancionaron a la empresa Huawei -quien domina la tecnología 5G que, a su vez, es la columna vertebral del Internet de las cosas. La relevancia de este asunto se hace evidente si observamos que dos importantes economías: las de Alemania y el Reino Unido, no sólo se negaron a secundar las sanciones a Huawei, sino que la tienen como socio estratégico en ese campo. Aún más, el sistema de defensa europeo ha abierto la puerta para utilizar esa tecnología desarrollada en China.

Por último, el mercado de vehículos eléctricos (o su versión híbrida) ha crecido de manera sostenida en los años recientes. Se prevé que crezca de manera exponencial en los próximos años. Tesla, empresa norteamericana, es uno de los principales jugadores, aunque empresas de Japón, China y Corea del Sur se han sumado a esa carrera. Dado el elevado volumen de baterías que esa industria requiere, el litio se ha convertido en un material estratégico; es la nueva gasolina. Las mayores reservas de ese elemento se encuentran en Sudamérica (Bolivia, Chile y Argentina), en Oceanía (Australia), China y África.  Los países que controlen ese vital insumo serán los que tengan mayores probabilidades de éxito en esa monumental industria.

Los países que apostaron al desarrollo científico y tecnológico son actores predominantes en esta nueva época: China, EEUU, Rusia, India, Corea del Sur, Alemania y Francia, entre otros. Algunas de esas nuevas tecnologías no requieren inversiones gigantescas para su desarrollo, que serían prohibitivas para un país como el nuestro. Se requiere, eso sí, talento (que ya existe en México), voluntad política, organización, objetivos claros y perseverancia en su consecución. No hay excusa para quedarnos rezagados. El rezago en esta materia nos mantendría, otra vez, en la subordinación en esta nueva época. Es momento de actuar.