La vecindad de México y EEUU obliga a buenos acuerdos

Rodolfo Torres Velázquez (28/02/2021)

Mañana ocurrirá una videollamada entre los presidentes de Estados Unidos y de México: Joe Biden y Andrés Manuel López Obrador. Será su segundo contacto desde la toma de posesión del presidente de los EEUU. El viernes pasado se entrevistaron Antony J. Blinken, Secretario de Estado norteamericano, y Marcelo Ebrard, Secretario de Relaciones Exteriores de México. En esta reunión se anticiparon diversos temas que seguramente serán materia de conversación entre los dos presidentes: migración, Covid-19 y cambio climático.

En cuanto a migración, hace apenas 5 días, el magistrado de distrito Drew Tipton (juez federal en Texas) bloqueó temporalmente (por 14 días) una medida del presidente Biden, que pretendía detener la deportación de inmigrantes durante un período de 100 días. Fue ésa una de sus ofertas centrales durante su campaña electoral, pues contrastaba con las medidas impuestas por Donald Trump. En este aspecto es probable que el presidente norteamericano solicite el apoyo del gobierno mexicano dadas las serias dificultades que afrontará para solventar ese revés.

La contención de las deportaciones es sólo una parte de la ambiciosa política migratoria del presidente Biden. También busca otorgar la ciudadanía, en un plazo de ocho años, a 11 millones de indocumentados que viven en EEUU y que hayan ingresado a ese país antes de enero de 2021. Ofrece entregar la llamada “green card” a los jóvenes que entraron a la nación norteamericana cuando eran niños; a los ciudadanos de países que están en guerra, o que fueron gravemente afectados por un desastre natural, y a los trabajadores agrícolas, entre otros. En dicha política se contempla la aportación de 4 mil millones de dólares, en un lapso de 4 años, al denominado triángulo norte de Centroamérica (Guatemala, Honduras y el Salvador). Es en este último punto en el que puede conjugarse la participación de ambos gobiernos. El gobierno mexicano ha dado prioridad a enfoques de desarrollo de esa región. Diversos programas sociales que se aplican en México han sido replicados, con el apoyo del gobierno de nuestro país, en países centroamericanos.

Esa agenda migratoria del presidente Biden debe aún superar la difícil aduana del Senado norteamericano. Para imponerse a una eventual obstrucción en esa cámara la iniciativa debe contar con el voto favorable de 10 senadores republicanos. Ya en 2013 la Administración Obama, de la que Joe Biden era vicepresidente, intentó sin éxito sacar adelante un paquete similar de medidas migratorias.

Lo cierto es que, en materia migratoria, es impensable que los EEUU puedan imponer -a la luz de nuestra ubicación geográfica y la abultada presencia de mexicanos en EEUU- políticas migratorias unilaterales sin la participación de México, por lo que el diálogo permanente y el acuerdo son siempre bienvenidos.

En cuanto a las políticas de contención de la pandemia, si bien todo aconseja a que es indispensable la armonización de esfuerzos, pues la propagación del virus no se ve limitada por fronteras, existe una diferencia sustancial en cuanto al enfoque que debe prevalecer en la disponibilidad de vacunas. Por un lado, los EEUU le han apostado al acopio desmedido de dosis, aun a costa de que otros países no tengan acceso a ellas. México sostiene que todos los países del mundo deben tener acceso a las vacunas. El acuerdo que dio origen al mecanismo denominado COVAX fue propuesto por México en la ONU y, prácticamente de manera unánime, fue aprobado por todos los países. A pesar de esa discrepancia, México debe insistir en su enfoque, pues los especialistas han advertido que, de no aplicar la vacuna en todo el mundo, se puede favorecer el surgimiento de nuevas cepas que tornarían inútiles los esfuerzos actuales de vacunación con consecuencias catastróficas.

El tema del cambio climático estará presente en la conversación. Si bien, Trump excluyó a su país de los acuerdos en materia climática, Biden lo ha reincorporado. En enero del año pasado la Agencia Internacional de Energía publicó su más reciente reporte (con base en cifras del año 2017) que calcula las emisiones de dióxido de carbono producidas por la quema de carbón, gas natural, petróleo y otros combustibles fósiles, y por los desechos industriales y basuras municipales, que son los principales generadores del cambio climático. De acuerdo con ese reporte, los países que producen un mayor volumen de ese tipo de gases son: China, EEUU, India, Rusia y Japón.

En días pasados se han revelado conversaciones entre el presidente Biden y Justin Trudeau, el primer ministro de Canadá, en las que se ha anticipado la posibilidad de sancionar a los países del T-MEC que produzcan en mayor medida ese tipo de gases. Cabe reiterar que los EEUU ocupan el segundo lugar a nivel mundial en emisiones, Canadá el noveno lugar y México el décimo segundo. Si nos atenemos al volumen de emisiones, los EEUU emiten 11 veces el volumen de México y Canadá 1.22 veces el volumen que emite nuestro país. Como puede observarse, de concretarse esos afanes sancionatorios los EEUU y Canadá serían quienes recibirían mayores penalizaciones, pues son quienes aportan un mayor volumen de los gases que propician el cambio climático.

En todos esos rubros, dada la estrecha e inevitable vecindad entre México y los Estados Unidos y en el marco de las disposiciones constitucionales que guían nuestra política exterior, es deseable y, sin duda, posible encontrar acuerdos que beneficien a ambos países y que fortalezcan el vigoroso mercado del T-MEC. Habrá que observar cómo se plantean las posibilidades de acuerdos en materia de seguridad.

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